Con la pizarra no basta

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Profesores se ven obligados a agudizar el ingenio ante la creciente falta de atención de los alumnos, convertida ya en la principal causa de fracaso escolar.

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Una profesora imparte una lección ante un par de alumnos en un colegio de Marbella.

La escena comienza a ser, más que un incidente aislado, casi un calvario reiterado para los profesores.

El docente entra en escena, se coloca frente a la pizarra, de espaldas a los alumnos, y lo que en principio es tan sólo un leve murmullo se convierte en un ruido casi ensordecedor. Amparados en el anonimato que le da la falta de visión del maestro, la decisión de decantarse por la tiza es terreno abonado para que los pupilos se dispersen y dejen de tomar nota de la lección.

No es un hecho aislado. La falta de atención en los alumnos, ya sea de colegios o de institutos, se ha convertido en la primera causa de fracaso escolar y no sólo como consecuencia de problemas médicos, como puede ser un trastorno por hiperactividad. Ante este panorama, los profesores se ven obligados a agudizar el ingenio para atraer el interés de sus alumnos e intentan echar el resto con clases cada vez más dinámicas e interactivas.

Seis horas «Tenemos que hacer una autocrítica, porque se les pide que estén seis horas seguidas sentados y callados», reconoce Manuel Mellado, director del Centro del Profesorado de Marbella-Coín.

Comparte su opinión Sandra Vega, directora del Colegio Las Albarizas, que llama la atención sobre la necesidad de incorporar nuevas prácticas acordes con la cultura que impera en la actualidad: la de la imagen. «Lo de salir a la pizarra sólo ya no sirve.

Si se basa todo en eso, el niño se aburre porque está hiperactivo de tanta comunicación visual y no le vale con un dictado», explica.

En su centro intentan dar aires nuevos a las materias para que los más pequeños se zambullan en los nuevos conocimientos casi sin darse cuenta. «Si, por ejemplo, están estudiando las partes de una planta no se trata de enseñarles sólo lo que viene en el libro. O bien lo hacemos a través del ordenador o nos traemos las plantas para que ellos las puedan ver de cerca y tocar», apunta Vega, al hilo de un pequeño cambio en la dinámica de enseñanza que puede reportar enormes beneficios.

«Básicamente te las tienes que ingeniar haciendo fichas o actividades como complemento para llamar la atención con motivaciones que no tenían», añade.

Precisamente, para dotar a los profesores de herramientas más atractivas para atraer el interés de los alumnos, los docentes asisten a cursos específicos en el Centro del Profesorado, muchos de ello auspiciados por María José Pérez, asesora de Educación Especial de este organismo.

Con la formación intentamos hacer ver a los profesores el cambio de actitud para que los niños se conviertan en protagonistas de su propio aprendizaje, también con mayor creatividad, sostiene.Sin titubear, coloca en un papel principal a las nuevas tecnologías: «No podemos ir en contra de los tiempos.

Tenemos que sacar partido a los avances tecnológicos para intentar que la escuela ofrezca actividades intercomunicativas, para funcionar por talleres que permitan el aprendizaje pero también el desarrollo como persona».

Inmersa en la conversación, a María José Pérez le viene a la cabeza el caso de una profesora, como ella dice, «para quitarse el sombrero». Relata que esta docente, ante una pequeña que arrastra un déficit de atención patológico, en lugar de dejarla como una causa perdida se volcó en estimularla.«Su alumna está comenzando a retener y a memorizar, aunque con mayor dificultad que los demás, pero lo está logrando dándole confianza en ella misma», cuenta.

Esa, a su juicio, es otra de las claves: un cóctel de pasión por la docencia y de confianza en las posibilidades que puede tener su pupilo.Los factoresPero, ¿a qué obedece la creciente falta de atención de los menores en las aulas? Las causas hay que buscarlas en varios frentes, no demasiado distintos.

Al margen de los trastornos patológicos, derivados en la mayoría de los casos por problemas diagnosticados de hiperactividad, los expertos aluden a otra serie de factores.De una parte, lo achacan a la propia personalidad o a la falta de unos hábitos adquiridos.

Aquí juega un papel fundamental el uso y abuso de las nuevas tecnologías, ya sean los MP3, los móviles o las consolas de videojuegos. «Los jóvenes viven a ritmo de anuncio y cuesta mucho trabajo que se concentren en un tema», apunta el director del CEP.

No se olvidan tampoco del desnivel que puede darse en una misma clase, con alumnos más avanzados frente a otros más rezagados. «El origen son dificultades colaterales que surgen desde casa, como la falta de atención o el aislamiento, y si ya llegan desmotivados no hacemos nada», abunda Pérez, que descarta que sea consecuencia exclusiva de un determinado nivel socioeconómico.

«Puede ser de un nivel muy bueno, pero si no tiene trato o diálogo encontraremos lo mismo», concluye.

TEXTO: CRISTINA GONZÁLEZ / FOTOS: JOSELE

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