Santa Cruz de Tenerife

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La empresa tinerfeña Ocide se fundó en el año 1999 con un novedoso concepto pues “usábamos el juego como manera de afrontar problemas de aprendizaje”, explica su director, Antonio Blanco.

Buscando un apoyo a la dislexia, en 2006 esta empresa se pone en contacto con el grupo de investigación Dificultades de Aprendizaje, Psicolinguística y Nuevas Tecnologías de la Universidad de La Laguna (ULL) y con el catedrático Juan Eugenio Jiménez. Fruto de años de investigación y desarrollo, llegan a la generación de dos herramientas informáticas para atender las dificultades de aprendizaje para la lectura. Una de ellas de diagnóstico o identificación llamada Sicole-R y otra de tratamiento, con el nombre de Tradislexia. En 2006 reciben una mención de honor del Ministerio de Ciencia e Innovación con lo que se reconoce el trabajo del equipo formado por el responsable del departamento de I+D+i de Ocide, Iván Barroso; la doctora en Psicología Alicia Díaz Megolla, y el propio director de Ocide, Antonio Blanco.

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