La salud de los escolares

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Al menos uno de cada seis escolares se enfrenta a trastornos de aprendizaje. Los expertos sanitarios reclaman una escuela más flexible ante los niños con trastornos.

Los profesionales sanitarios reclaman más atención para detectar y tratar estas disfunciones que afectan a la vida académica y pueden generar otros problemas. Los niños llegan al especialista tras arrastrar años el problema, cuando el tratamiento debería ser precoz   
 
“Detrás del fracaso escolar hay muchos casos de trastornos de aprendizaje”, asegura la neuropediatra Anna Sans   
 
Al menos un 15% de los escolares sufre trastornos del aprendizaje (dislexia, disfasia, trastorno de aprendizaje no verbal u otros) que afectan a su capacidad de comprensión, de expresión oral y escrita o al razonamiento matemático. En torno a otro 3%-5% de los alumnos padece trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA-H), que también afecta a la vida académica.

Estos problemas, que a veces se solapan, influyen en el fracaso escolar y pueden marcar la vida de un niño. En España no se atienden debidamente, opinan los profesionales sanitarios que tratan a los afectados.

“Los trastornos de aprendizaje obedecen a la deficiencia de una función cerebral específica y si no se orientan adecuadamente pueden tener no sólo amplia repercusión en la vida académica del niño sino generar además trastornos emocionales, adaptativos y de conducta”, explica Anna Sans, neuropediatra y coordinadora de la unidad de trastornos del aprendizaje del servicio de neurología del hospital Sant Joan de Déu (Esplugues de Llobregat).

Estos trastornos de aprendizaje no se curan, aunque mediante reeducación, y las adaptaciones escolares adecuadas, pueden ser compatibles con un rendimiento académico aceptable, según los especialistas. Hay que tener en cuenta que se dan en niños con una inteligencia por lo demás normal. Son problemas con un importante factor genético: un 75% de los niños disléxicos, por ejemplo, son hijos de un padre o una madre con el mismo trastorno, aunque Sans explica que muchas veces los progenitores no supieron que sufrían el problema y lo superaron como pudieron o les relegó en su vida sociolaboral. En muchos casos, eso dificulta que su hijo reciba atención, pues no son sensibles al problema o no creen que se pueda superar.

“Falta sensibilización hacia estos trastornos, muchos no los reconocen, incluidos todavía profesionales sanitarios”, afirma Rosa Nicolau, psicóloga y coordinadora del centro de salud mental infantil y juvenil de psiquiatría del hospital Clínic de Barcelona.

Lo usual es que los pequeños lleguen al especialista tras arrastrar el problema unos años, cuando la intervención debería ser precoz, en los primeros años de escolarización. “La escuela detecta más estos trastornos que los padres, pero aún es poco. Los psicopedagogos de apoyo en las escuelas deberían hacer un cribaje de casos, ver cuáles son trastornos de aprendizaje y en cuáles hay psicopatología detrás, pero no hay un sistema de detección sistemático, todo depende de la sensibilización del personal en cada centro, de si ya ha conocido otro caso e identifica los síntomas”, explica Rosa Nicolau.

La detección y el diagnóstico no son el único problema. Luego, llega el tratamiento. “Nosotros hacemos un diagnóstico clínico, pero el tratamiento de los trastornos que sólo son de aprendizaje no debe hacerse en los centros sanitarios, sino dentro del ámbito psicopedagógico”, opina Rosa Nicolau, quien precisa que el TDA-H es otro asunto porque no es un trastorno de aprendizaje (sino de conducta) aunque incida en él; además, en la mayoría de los casos requiere un tratamiento farmacológico.

“El tratamiento de los trastornos de aprendizaje suele requerir una reeducación individual, pero la escuela tiene un papel fundamental ayudando y adaptando los contenidos para que el alumno pueda progresar”, agrega Anna Sans.

El Clínic se ha coordinado con 50 escuelas de su entorno, en el Eixample barcelonés, para establecer protocolos de actuación para la atención a estos niños. En el hospital Sant Joan de Déu, cuando se diagnostica a un niño con estos trastornos, también se dan pautas a la escuela para tratarlo, de manera que su día a día escolar sea menos traumático para el niño y para los profesores. Pero Sans apunta que en la escuela hay aún un gran desconocimiento de estos problemas y, sobre todo, no existen protocolos de actuación ni las adaptaciones educativas específicas para tratar a niños con un déficit de aprendizaje.

“La escuela, la mayoría de las veces, no sabe qué hacer ni dispone de materiales específicos ni, a menudo, de nadie que les asesore”, se queja Anna Sans. Así que, sin recursos de ayuda, el niño queda marginado del sistema. “Por eso, creo que detrás del fracaso escolar hay muchos casos de trastornos de aprendizaje; no son el único factor de fracaso, pero influyen”, asegura esta neuropediatra.

Los profesionales del ámbito sanitario se quejan de que el sistema educativo no tiene previsto, por ejemplo, que a un niño disléxico se le evite leer en público, o se le dé más tiempo para hacer su examen, o no se le penalicen según qué faltas… Igual que con otros trastornos, se hacen muy pocas excepciones. La escuela sólo tiene previstos un trato diferenciado, refuerzos o similares para niños con deficiencias o patologías graves, no ha dado importancia hasta ahora a estos otros trastornos.

“El sistema educativo es demasiado rígido, cuando debería tener en cuenta estos trastornos, dado que hay un buen número de niños con tales problemas”, apunta Sans. En otros países, señala, sí que hay recursos educativos y una atención personalizada.

“Los trastornos de aprendizaje tienen una relación directa con los trastornos de conducta”, advierte la neuropediatra. Un niño disléxico, como uno hiperactivo desatendido, a quien se castiga y se riñe todo el tiempo por algo que él no entiende o no sabe evitar, acaba asumiendo un papel de niño malo y genera más problemas. Rosa Nicolau señala que, a la vez, todos los trastornos del niño (como los de conducta o los adaptativos) inciden en su vida escolar. Y hay que pensar que en torno a uno de cada cinco escolares padece algun trastorno psicopedagógico.

Como no hay sistema pedagógico y psicológico que asuma la atención de los trastornos de aprendizaje, acaba recayendo el problema en la familia. Ésta, muchas veces, o arroja la toalla o va de profesional en profesional y puede caer en manos de personas que ofrecen tratamientos sin base científica. “El 70% de los niños que vienen a nuestra consulta ha pasado por alguna terapia sin una base científica reconocida: que si terapia visual, que si auditiva, que si de lateralidad cruzada u otras”, asegura Sans.

Profesionales como Sans o Nicolau no recomiendan estas terapias sino estrategias específicas para cada trastorno que incidan en la disfunción neuropsicológica de cada niño y lo reeduquen en esa disfunción.

El TDA-H es un caso aparte. Muchos padres acuden a especialistas sospechando que sus hijos tienen este trastorno y no siempre es así, pero estas especialistas aseguran que todavía son más las familias que lo ignoran durante tiempo. Aun así, se ha convertido en el motivo del 50% de las consultas en el centro de salud mental infantil y juvenil del Clínic, por ejemplo (llegan en torno a un centenar de niños cada curso). Esta elevada demanda de atención ha hecho que este hospital haya abierto una unidad específica de atención a este problema (igual que otra dedicada a adicciones), explicó Josefina Castro, responsable del servicio de psiquiatría juvenil del hospital. Incluso, el nuevo hospital de día del centro atenderá casos más graves de TDA-H.

Este problema persiste en la adolescencia en muchos casos. En los últimos 85 casos tratados en el Clínic, los afectados tenían entre tres años y medio y 15 y el 80% eran varones. El tratamiento del Clínic para este trastorno incluye sesiones psicoterapéuticas con padres y profesores, además de con los pequeños.

Fuente:
MARTA RICART
 

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